Los apelativos como “gafotas” o “cuatro ojos” van desapareciendo de los coles e institutos, ya que usar gafas en la niñez no es lo que era. Las gafas “culo de botella” han dado paso a unos diseños muy atractivos y modernos, que hacen que este importante paso sea menos duro para los más jóvenes. Aun así, y obviando esta parte estética, las gafas correctoras siguen suponiendo un importante obstáculo para los pequeños, sobre todo a la hora de hacer deporte o en sus relaciones sociales:

  • Las gafas no cubren todos los ángulos visuales, lo que puede influir determinantemente en el desarrollo físico y social de estos niños; ya que tendrán menos “afición” a los deportes (teóricamente no conseguirán tanta destreza) y por lo tanto, menos relación social, aplicada a esta actividad

  • Hay una clara variable que afectan en este sentido, son la comodidad y seguridad, sobre todo para los niños usuarios de gafas correctoras, pero también, aunque en menor medida, para los que juegan con ellos. Puede recibir un golpe que cause lesiones en ojos, cara, etc…pueden caerse las lentes, e incluso llegar a incomodar al desarrollo “normal” de la actividad; además del importante gasto económico que esto puede llegar a ocasionar a los padres.
  • También se puede añadir, que en algunos casos, el reflejo, brillo, y demás características asociadas a la visión, pueden verse afectadas por los cristales de las gafas correctoras, especialmente en aquellas actividades que se practican en el exterior, produciéndose un efecto llamado “aberración óptica” (cromática, esférica,…) en la que básicamente la persona no ve la realidad tal como es, sino distorsionada en cuanto colores, nitidez, u otros valores.

A pesar de todo esto, muchos padres y profesionales encuentran un importante inconveniente, LA DISCIPLINA, en que los niños utilicen lentes de contacto, no solo para practicar deporte, sino para llevar una vida diaria lo más normal posible. Disciplina para cuidar las lentes, para seguir un mantenimiento de ella que evite las lesiones, infecciones o la pérdida. Además los “líquidos de lentillas” actuales, son muy cómodos y fáciles de usar, y de transportar, con lo cual, la limpieza de las lentillas no debería ser un inconveniente.

La edad no es un factor realmente para determinar si un niño puede o no llevar lentes de contacto, sino que hay que convertirlo en una rutina saludable más, como lavarse las manos, cepillarse los dientes, o incluso ponerse gafas. Aún así, siempre es aconsejable por parte de los padres, realizar un pequeño proceso de aprendizaje y seguimiento, e incluso tratarlo como un “juego”.

Tanto los niños que portan lentes de contacto, como los padres, saldrán beneficiados; por un lado los niños se sentirán más cómodos, para su vida diaria y para realizar la actividad que les apetezca, además de menos “bicho raro”, con lo que sus relaciones sociales serán más fáciles; y para los padres supondrá un ahorro económico importante, además de una tranquilidad, pues los ojos de sus hijos están en mejores condiciones.

En cualquier caso, siempre es recomendable que consulten a los profesionales de la visión, cuales son las ventajas de usar lentillas en niños pequeños, y cuales son las más recomendables.